Retrato de Alfonso Arroyo Santos
Biografía narrativa

Alfonso Arroyo Santos

Médico, alcalde y padre
1883–1938

Holguera · Sevilla · Sierra de Gata · Plasencia

Capítulo I
1883 a 1901

De Holguera a Coria

A finales del siglo XIX, Holguera era un pueblo pequeño del norte de Cáceres. Se levantaba sobre un llano abierto al viento, entre tierras de secano y pastos. Sus habitantes cultivaban trigo, centeno y cebada, criaban ganado y dependían de una fuente situada fuera del casco. El arroyo se secaba a menudo.

Las casas se agrupaban en calles irregulares alrededor de la plaza, el Ayuntamiento y la iglesia de Santa María Magdalena. Las campanas marcaban las horas. Para recoger el correo había que ir a Galisteo. Una carretera cruzaba el término de sur a norte y unía Extremadura con Castilla.

Iglesia de Santa María Magdalena de Holguera
Santa María Magdalena, centro de la vida parroquial de Holguera. Fotografía contemporánea de Amfeli, Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

Gregorio Arroyo Villalobos y Carmen Santos vivían allí con una familia numerosa. Entre sus hijos estaban Alfonso, Isabel, José, Gregorio, Carmen, Hortensia y Aurora. Gregorio poseía fincas que se extendían por varios términos. Carmen, pequeña y delicada, era una gran aficionada a la cocina y llenó un cuaderno con platos y dulces, algunos de origen francés.

Alfonso nació en 1883. Tras los primeros años en Holguera, la familia se trasladó a Coria para facilitar los estudios de sus hijos. La ciudad tenía obispado, catedral, comercios y más posibilidades de formación. También quedaba mejor comunicada con el resto del país.

Alfonso destacó pronto en los estudios. Terminó el bachillerato con buenas notas y decidió hacerse médico. En 1901 dejó Coria para marcharse a Sevilla. Tenía unos dieciocho años.

Capítulo II
1901 a 1908

Siete años en Sevilla

Sevilla era mucho más grande, ruidosa y rápida que Holguera y Coria. Los tranvías empezaban a dejar atrás la tracción animal y a circular bajo cables eléctricos. Las calles reunían comercios, hospitales y estudiantes llegados de muchos lugares.

La Facultad de Medicina atravesaba sus propios problemas. Había nacido como Escuela Libre después de la revolución de 1868 y dependía de la Diputación. En 1901 volvió a estar amenazada de cierre, pero la ciudad consiguió mantenerla abierta como Facultad Provincial.

Las clases se impartían en el antiguo convento de Madre de Dios. Las prácticas clínicas tenían lugar en el Hospital de las Cinco Llagas, un gran edificio renacentista con varios patios. Los estudiantes pasaban del aula a las salas de enfermos y de los libros a la observación del cuerpo humano.

Retrato de Alfonso Arroyo Santos en su juventud
Alfonso Arroyo Santos durante sus años de formación. Retrato conservado por la familia.

Alfonso estudió anatomía, fisiología, histología, patología, cirugía, obstetricia, higiene y medicina legal. Obtuvo una matrícula de honor y fue reconocido como el mejor interno de la Facultad. Uno de sus profesores quiso atraerlo a su cátedra, pero Alfonso decidió volver a Extremadura.

Terminó sus estudios en 1908. Había pasado siete años en Sevilla y regresaba convertido en médico. Su trabajo no transcurriría en un gran hospital, sino entre pueblos comunicados por caminos lentos.

Capítulo III
1908 a 1923

La consulta de abajo

En el norte de Cáceres, pueblos cercanos podían quedar separados por horas de camino. Para visitar a un enfermo había que desplazarse a pie, a caballo o en carro. El relieve y el tiempo decidían cuánto tardaba la ayuda en llegar.

Alfonso obtuvo plaza como médico titular y ejerció primero en Zarza la Mayor, una villa fronteriza situada cerca de Portugal. Después se instaló en Coria y abrió una consulta privada. En 1918, mientras la gripe golpeaba con especial dureza a la provincia, él formaba parte de la generación de médicos rurales que tuvo que hacerle frente con pocos medios.

En Hernán-Pérez vivía la familia Santibáñez Gutiérrez. Emilio Santibáñez y Baldomera Gutiérrez habían tenido siete hijas, Inés, Josefa, Mary Cruz, Cesárea, Eladia, Benigna y Asunción, y un hijo, Herminio. Era una de las pocas familias acomodadas del pueblo. Las hijas crecieron entre las labores de la casa, el bordado, la iglesia y las fiestas de la comarca.

Inés, la mayor, había quedado viuda joven. Un día acompañó a su hermana Mary Cruz a la consulta de Alfonso en Coria. Las visitas se repitieron durante la enfermedad de Mary Cruz. Después de su muerte, la relación entre Alfonso e Inés continuó y ambos decidieron casarse.

Alfonso pidió la plaza de médico de Hernán-Pérez y se trasladó al pueblo con Inés. Instaló la consulta en una habitación de la planta baja. Llevó sus libros, algunos muy antiguos, instrumentos de cirugía menor, una mesa que servía para operaciones y partos, y los fórceps. Un médico rural tenía que atender casi cualquier urgencia, a cualquier hora, porque los hospitales quedaban lejos.

Cobraba igualas anuales según las posibilidades de cada familia. A quienes no podían pagar les perdonaba deudas, les conseguía muestras de medicamentos o les ayudaba con su propio dinero. Su forma de ejercer hizo que empezaran a llamarlo desde otros pueblos para casos difíciles.

Alfonso e Inés tuvieron varios embarazos que no llegaron a término. Finalmente nació Carmen, a la que todos llamaron Carmencita. La niña creció rodeada por sus padres, sus abuelos y sus tías Santibáñez.

Mientras la familia empezaba a asentarse, Alfonso construyó una casa propia detrás de la iglesia y compró algunos olivos. Pero Inés enfermó con fiebre y murió poco después. Alfonso quedó viudo y Carmencita perdió a su madre.

Cuando tuvo edad para estudiar, Carmencita marchó a Madrid bajo el cuidado de su tía Hortensia y de Claudio González. Cursó el bachillerato, estudió música y empezó la carrera de Farmacia con buenas notas. Su vida terminó joven, después de una enfermedad que la obligó a dejar los estudios e ingresar en Plasencia.

Alfonso siguió visitando a su suegra Baldomera y mantuvo el contacto con las hermanas de Inés. Asunción, la menor, había estudiado interna en Plasencia y volvió después a Hernán-Pérez. En 1923, tras dos años de viudez, Alfonso y Asunción se casaron.

Retrato de Asunción Santibáñez en 1923
Asunción Santibáñez, el 6 de abril de 1923. Fotografía conservada por la familia.
Capítulo IV
1923 a 1934

La casa detrás de la iglesia

Alfonso y Asunción vivieron en la casa que él había construido en Hernán-Pérez. Asunción era hábil con la costura, tocaba el acordeón de oído y tenía un trato alegre. En casa también se escuchaba una radio de galena construida por Alfonso.

Alfonso Arroyo Santos y Asunción Santibáñez Gutiérrez
Alfonso Arroyo Santos y Asunción Santibáñez Gutiérrez. Retrato conservado por la familia.

Sus hijas nacieron en este orden: Inés, en 1926; Isabel, en 1929; y Asunción Elena, llamada Elena o Nita, en 1933. Jacinta, cocinera y persona de confianza, ayudaba a cuidarlas y terminó siendo parte de la vida familiar.

La familia seguía unida a Carmencita, que volvía de Madrid durante las vacaciones. Estudiaba Farmacia, tocaba el piano y mantenía con Asunción una relación de hija, además de ser su sobrina.

Asunción, Carmencita y Eladia junto a un automóvil
Asunción, Carmencita y Eladia. Fotografía conservada por la familia.

El trabajo de Alfonso lo unía al resto del pueblo. Sus pacientes eran vecinos y conocidos. Visitaba casas a cualquier hora, acudía a otras localidades cuando lo llamaban y siguió atendiendo a familias que apenas podían pagar. Aquella cercanía explica el afecto que conservó en la comarca.

También fue comprando tierras en la falda de la sierra. A una de las fincas la llamaron La Asomadilla. Allí plantó alcornoques con bellotas que le había regalado Elías Durán, propietario de Villanueva de la Sierra. Cerca del pueblo modernizó un molino de aceite y lo llamó Santa Inés, en recuerdo de su primera esposa y de su hija mayor.

Al mismo tiempo, la salud de Alfonso empezó a empeorar. Arrastraba una lesión cardíaca atribuida a una fiebre reumática de la infancia. La falta de aire lo obligaba a caminar más despacio y a utilizar un burro, Carrancho, cuando tenía que llegar a consultas lejanas o subir pendientes.

Fuera de la casa también cambiaba Hernán-Pérez. En 1931, el paro provocó reuniones entre agricultores y patronos. La Sociedad de Agricultores La Unión organizó a jornaleros y pequeños trabajadores del campo. En 1933 se formó la Derecha Local Agraria. La política nacional empezaba a entrar en la vida diaria del pueblo.

Capítulo V
Década de 1920 a 1935

El Porvenir de la Sierra

Alfonso quería llevar electricidad a una comarca que todavía dependía del candil. Recorrió la sierra buscando una caída de agua constante y encontró un lugar adecuado cerca de Cadalso. Con ayuda técnica instaló una turbina y un generador y empezó a tender líneas hacia los pueblos cercanos.

Llamó a la empresa El Porvenir de la Sierra. Marcos, vecino de Cadalso, quedó al cuidado de la central con un ayudante. En cada localidad había una persona responsable de vigilar la línea y recaudar las cuotas. Una vez al mes, Alfonso reunía a los encargados para pagarles y revisar averías e incidencias.

Al principio, la potencia sólo permitía dar servicio durante las horas sin sol. Muchas familias instalaron una única bombilla y la trasladaban de una habitación a otra. El coste era bajo, pero incluso así había abonados que no podían pagarlo con regularidad.

En marzo de 1935, el suministro autorizado alcanzaba Torre de Don Miguel, Cadalso de Gata, Hernán-Pérez, Villanueva de la Sierra, Villa del Campo y Pozuelo de Zarzón. En una comarca acostumbrada al candil, la electricidad permitió iluminar casas, comercios, calles y talleres después de ponerse el sol.

Torre de Don MiguelCadalso de GataHernán-PérezVillanueva de la SierraVilla del CampoPozuelo de Zarzón
Lámpara de 10 vatios1,88 ptas/mes
Lámpara de 15 vatios2,49 ptas/mes
Lámpara de 25 vatios3,42 ptas/mes
Lámpara de 40 vatios5,30 ptas/mes
Lámpara de 60 vatios6,84 ptas/mes
Primer kilovatio mensual3,42 ptas
Kilovatios siguientes0,64 ptas/kWh

La empresa no daba grandes beneficios, pero convirtió a Alfonso en una figura conocida fuera de Hernán-Pérez. A la medicina y la almazara se sumaba ahora un servicio que unía seis municipios. En Torre de Don Miguel, donde tenía intereses económicos, recibió la cuota más alta del reparto de utilidades de 1935.

Capítulo VI
1931 a julio de 1936

La vara de alcalde

La llegada de la República en 1931 despertó en Alfonso la esperanza de que la educación, la sanidad y el trabajo recibieran más atención. Se acercó a Izquierda Republicana y compartió estas ideas con amigos de la comarca, entre ellos el doctor Arias, médico de Torre de Don Miguel, y Marcelo Sánchez.

Los años siguientes hicieron más profunda la división política. Las huelgas, la represión de Asturias en 1934, el crecimiento de Falange y los cambios de gobierno llegaron a Hernán-Pérez a través de la prensa, la radio y las conversaciones entre vecinos. En un pueblo pequeño, quienes defendían posiciones opuestas seguían encontrándose cada día.

Las elecciones de febrero de 1936 dieron la victoria al Frente Popular. Alfonso participó activamente en la campaña de Izquierda Republicana. Después, los miembros del consistorio le pidieron que aceptara la alcaldía. Él ya atendía a los vecinos como médico y abastecía al pueblo de electricidad; ahora asumía también el gobierno municipal.

Como alcalde se ocupó del alumbrado, consiguió que el suministro eléctrico durara todo el día y trabajó con la maestra Clementina para mejorar la escuela y prolongar la educación de los niños. Hilario Benito, hombre de confianza de la familia, lo ayudaba con la gestión de sus asuntos mientras sus obligaciones aumentaban.

Durante la primavera, las noticias de huelgas, atentados y enfrentamientos fueron cada vez más frecuentes. Dentro del Ejército, varios generales preparaban una sublevación. Alfonso seguía trabajando pese a que su insuficiencia cardíaca avanzaba y le costaba cada vez más esfuerzo caminar y atender consultas lejanas.

El 17 de julio, parte del Ejército se sublevó en el norte de África. Al día siguiente, el golpe se extendió por la península. Cáceres quedó bajo el control de los militares sublevados.

Capítulo VII
Julio de 1936 a 1942

Viva la República

Durante los días siguientes, el Ayuntamiento de Hernán-Pérez se reunió para seguir las noticias. El 22 de julio, Alfonso entregó la alcaldía y dejó escrita su protesta. No sabía si obedecía al Gobierno de la República o a las fuerzas sublevadas. Cerró el acta con tres palabras: «Viva la República».

Página del libro de actas de Hernán-Pérez del 22 de julio de 1936
Página atribuida al libro de actas del Ayuntamiento de Hernán-Pérez, 22 de julio de 1936. Reproducción conservada en la crónica familiar de Mariano Jiménez Casado.

Alfonso fue detenido y llevado a Plasencia. Amigos de distintos ambientes intentaron conseguir su libertad. El peligro de aquellos primeros meses era enorme: por toda la comarca se producían detenciones, consejos de guerra y asesinatos sin juicio.

Su enfermedad cardíaca hizo que la prisión se suavizara con el tiempo. Fue trasladado al Seminario de Plasencia, convertido en hospital de guerra. Allí dispuso de una habitación y ayudó a los médicos con enfermos y operaciones mientras su salud se lo permitió. Asunción viajaba para verlo los fines de semana. Inés, interna en un colegio de Plasencia, también podía visitar a su padre.

En Hernán-Pérez, el nuevo alcalde Higinio, conocido como el Coco, hostigó a quienes habían apoyado a la izquierda y también a la familia de Alfonso. Asunción mantuvo la casa, las tierras, la almazara y los demás asuntos familiares con ayuda de Hilario Benito.

La insuficiencia cardíaca de Alfonso siguió avanzando. Por la noche sufría fuertes ataques de falta de aire y terminó casi recluido en su habitación. Cuando Asunción lo visitaba, intentaba mostrarse animado, pero ella veía cómo empeoraba.

Durante una de aquellas visitas, Asunción quedó embarazada. En diciembre de 1937 viajó a Plasencia para dar a luz. El cuarto hijo del matrimonio fue un niño y recibió el nombre de su padre: Alfonso. Él seguía preso cuando nació.

Pocos días después, la enfermedad venció a Alfonso. Antes de morir pidió a Asunción que no hiciera de su muerte un espectáculo. Murió el 5 de enero de 1938, a los cincuenta y cuatro años.

Asunción respetó su voluntad y lo enterró en Plasencia, lejos de Hernán-Pérez, donde tanta gente lo conocía. Regresó al pueblo con el recién nacido y sus tres hijas.

La persecución continuó después de su muerte. En 1938 se abrió contra él el expediente número 11 de responsabilidad civil o política. Su nombre apareció también en un sumario militar y en los ficheros creados para perseguir a quienes habían estado vinculados con la República.

En enero de 1942, el Estado publicó su absolución y le devolvió por escrito la libre disposición de sus bienes. La resolución llegó demasiado tarde. Alfonso llevaba cuatro años muerto.

Capítulo VIII
1938 a 2025

Doña Asunción

El pequeño Alfonso murió pocas semanas después que su padre. Asunción quedó viuda con Inés, Isabel y Elena, todavía niñas. Su madre Baldomera y su hermana Eladia fueron a vivir con ella.

Asunción continuó al frente de la almazara Santa Inés. Modernizó las prensas y los depósitos, defendió el negocio frente a la competencia del nuevo alcalde y administró las tierras con ayuda de Hilario. La pensión de viudedad del Colegio de Médicos le permitió sostener a la familia y mantener el proyecto educativo que Alfonso había querido para sus hijas.

Inés e Isabel estudiaron primero internas en Plasencia y después marcharon a Madrid, a un colegio para huérfanas de médicos. Los viajes eran largos: caballo hasta Coria, autobús a Cañaveral y tren hasta la capital. Elena, la menor, se reunió más tarde con sus hermanas. Parte de la familia Arroyo se había instalado ya en Madrid y pudo acompañarlas.

Inés e Isabel Arroyo Santibáñez en el colegio
Inés, segunda por la derecha en la fila superior, e Isabel, primera por la izquierda en la fila inferior, durante sus años de colegio. Fotografía conservada por la familia.

Las tres estudiaron y formaron sus propias familias, siempre en orden de nacimiento. Inés se casó en 1952 con Pedro de Francisco Cándenas, cirujano, y se trasladó con él a Avilés. Isabel terminó Medicina y se casó con su compañero Mariano Jiménez Casado; vivieron en Madrid. Elena se casó con Manuel Martín Galindo, maestro y propietario; después de una etapa en Cáceres, la familia se instaló en Sevilla.

La familia se extendió así por Avilés, Madrid y Sevilla, pero siguió reuniéndose alrededor de Asunción. Ella mantuvo su casa en Hernán-Pérez y continuó activa durante décadas. En 1961 ya posaba rodeada de sus hijas y de una nueva generación de nietos.

Asunción con su hermana Eladia, sus hijas y sus nietos en 1961
Asunción, su hermana Eladia, sus hijas y los nietos que tenía en 1961. Fotografía conservada por la familia.

En 1988, el colegio público de Hernán-Pérez recibió el nombre de Alfonso Arroyo Santos. El homenaje recordaba al médico y al alcalde del pueblo, y unía su nombre a la educación que siempre había defendido.

Asunción cumplió cien años en 1996. Regaló un reloj a Hernán-Pérez y celebró el centenario rodeada por una familia que ya reunía varias generaciones. Murió después de haber visto crecer a sus hijas, nietos y bisnietos.

Asunción Santibáñez cerca de los 101 años
Asunción Santibáñez, días antes de cumplir 101 años. Fotografía conservada por la familia.

Inés mantuvo vínculos patrimoniales con Hernán-Pérez y vivió en Avilés hasta los noventa y ocho años. Murió el 10 de enero de 2025. Su esquela volvió a reunir los nombres de las tres hermanas: Inés, Isabel y Elena.

El pueblo cambió, perdió habitantes y tuvo nuevos médicos y nuevas corporaciones. El nombre de Alfonso, sin embargo, quedó en la escuela del mismo lugar del que había salido detenido en julio de 1936.

Cada mañana que abría la escuela, Hernán-Pérez volvía a pronunciar su nombre.

Apéndice

Nota histórica

Esta obra narra una vida real a partir de documentos públicos, memoria familiar y contexto histórico. El relato no inventa diálogos, pensamientos, escenas privadas, itinerarios carcelarios ni detalles de la enfermedad. Las descripciones de cada lugar explican el mundo en el que vivió Alfonso, pero no le atribuyen acciones que no pertenezcan a su biografía conocida.

La familia sitúa el nacimiento de Alfonso en 1883 y su muerte el 5 de enero de 1938. La crónica de Mariano Jiménez Casado, escrita con la cooperación de Isabel Arroyo Santibáñez, aporta la vida doméstica, profesional y política que completa los documentos públicos. Correcciones posteriores de Elena y de una hija de Isabel fijan el orden de los hijos, la boda con Asunción en 1923, la insuficiencia cardíaca, el nacimiento de Alfonsito durante el cautiverio y el entierro de Alfonso en Plasencia.

Fuentes biográficas principales
  1. Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla, expediente académico de Alfonso Arroyo Santos, Facultad de Medicina, 1901–1908, legajo 091-123.
  2. Archivo Municipal de Zarza la Mayor, unidad 00204, expedientes de sanitarios locales: «Alfonso Arroyo Santos, médico».
  3. Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, 27 de marzo de 1935, nº 72, p. 2, anuncio 1243: tarifas y municipios abastecidos por su fábrica.
  4. Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, 24 de diciembre de 1937: repartimiento de utilidades de Torre de Don Miguel correspondiente a 1935.
  5. Ayuntamiento de Hernán-Pérez, Historia: alcaldía, detención y muerte como preso en Plasencia. La fecha errónea que ofrece la página para el inicio de la guerra no se utiliza.
  6. Tribunal Militar Territorial Primero, sumario 1178, legajo 3093; fichas del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo y ficha político-social.
  7. Boletín Oficial del Estado, 30 de enero de 1942, anexo, p. 645: sentencia absolutoria del expediente 11 de 1938.
  8. Boletín Oficial del Estado, 13 de octubre de 1988: denominación del Colegio Público Alfonso Arroyo Santos de Hernán-Pérez.
  9. Boletines oficiales de Cáceres de 26 de mayo y 11 de septiembre de 2003: bienes de Inés Arroyo Santibáñez en Hernán-Pérez.
  10. Boletín Oficial del Estado de 27 de junio de 2007: Elena Arroyo Santibáñez y la comunidad hereditaria de Manuel Martín Galindo.
  11. Una crónica de familia. Historia semi-inventada de un siglo, Mariano Jiménez Casado con la cooperación de Isabel Arroyo Santibáñez, 1996-1997. Fuente familiar de los recuerdos biográficos y de las fotografías.
  12. Esquela de Inés Arroyo Santibáñez, Avilés, 10 de enero de 2025.
Fuentes de contexto histórico
  1. Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, voz «Holguera», para el paisaje, las comunicaciones y la economía local del siglo XIX.
  2. Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, Historia de la Facultad, por Encarnación Bernal-Borrego.
  3. Instrucción General de Sanidad de 1904, para las funciones de los médicos titulares.
  4. Archivo Histórico Provincial de Cáceres, estudio sobre la mortalidad de la gripe de 1918 en la provincia.
  5. Jesús Carlos Rodríguez Arroyo, Movimiento obrero y represión fascista en la Sierra de Gata (1931–1936), 2010.
  6. Fernando Flores del Manzano, Guerra Civil y represión en el norte de Extremadura (1936–1939), para el aparato represivo de Hoyos y Plasencia.
  7. Estudios de la Universidad de Oviedo y del patrimonio industrial asturiano sobre Ensidesa, migración interior y transformación de Avilés.
Decisiones y límites del relato
  • La primera boda con Inés, su hija Carmencita y la muerte de Inés proceden de memoria familiar. No se convierten en hechos los diagnósticos retrospectivos o pensamientos recreados por Mariano.
  • La boda con Asunción se fija en 1923 por decisión familiar. La dispensa religiosa se explica por el parentesco entre ambas hermanas; su expediente permanece pendiente.
  • El marco de la gripe de 1918 describe la época profesional de Alfonso, no una actuación individual concreta.
  • El nombre El Porvenir de la Sierra, la central cerca de Cadalso, la turbina, Marcos y la organización de encargados proceden de la crónica familiar; el BOP documenta los seis pueblos y las tarifas de 1935.
  • No se atribuye a Alfonso afiliación política, discurso, altercado, resistencia armada o pertenencia masónica.
  • Hoyos se describe como parte de la red represiva comarcal, sin afirmar que Alfonso estuviera encarcelado allí.
  • La insuficiencia cardíaca, agravada en prisión, y la muerte del 5 de enero de 1938 proceden de memoria familiar concordante. La petición de un entierro discreto y el entierro en Plasencia proceden del testimonio directo de Elena y prevalecen sobre la versión distinta de la crónica.
  • Se omiten datos innecesarios de descendientes vivos.
Créditos de imagen
  • Retratos de Alfonso y Asunción; Carmencita; libro de actas; colegio; bodas; reunión familiar de 1961 y retrato centenario de Asunción: archivo familiar, reproducido en la crónica de Mariano Jiménez Casado.
  • Holguera, iglesia de Santa María Magdalena: Amfeli, Wikimedia Commons, CC BY 4.0.
  • Hernán-Pérez y Sierra de Gata: Pablodex87, Wikimedia Commons, CC BY-SA.
  • Hospital de las Cinco Llagas: Asterion, Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.
  • Plaza de toros de Plasencia: Andreaebc90, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
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